domingo, 27 de enero de 2008

Ich bin ein berliner

Sólo cuatro días en una ciudad pueden dar para mucho o para prácticamente nada. Depende de cómo se usen. Para mí (para nosotros) estos cuatro días han sido cuatro días geniales, intensos, de verdad. Mérito es de la ciudad pero, sobre todo, el mérito es nuestro.

Nuestro hotel (el Crowne Plaza) era más que aceptable. Muy cómodo, con un trato exquisito y … ¡piscina! Saco el Paco Martínez Soria que llevo dentro y… chapuzón.
La situación (al lado de la Breitscheid Platz) era ideal. Esta plaza fue lo primero que vimos al llegar a la capital alemana y resulta, además, un perfecto resumen de lo que arquitectónicamente encontraríamos en Berlín: Robustez clásica y modernidad elegante perfectamente conjuntadas.

Berlín es una ciudad que, como muchos de vosotros ya sabéis, fue prácticamente derrumbada durante los bombardeos aliados de la II Guerra Mundial. A modo de homenaje (o quien sabe si de recordatorio) muchos de los edificios semi-derruidos siguen en pie y, como en el caso de La Breitscheid Platz, están “acompañados” por construcciones más modernas que, en contra de lo que pueda parecer encajan perfectamente.

Otro ejemplo, si cabe más típico, es el edifico del parlamento. La cúpula de cristal diseñada por arquitecto N. Foster se adapta como un guante en la estructura antigua dejando una sensación de extraña armonía en el visitante.

Pensé que no me iba a gustar. Me encantó.

Un paseo turístico por la ciudad en autobús donde, poco a poco, vamos descubriendo lo que nos ofrecerá la ciudad en estos cuatro días. Se estaba haciendo de noche y todo estaba por ver.

Muchos propósitos para la noche de año nuevo (Ir a la macrofiesta de la Puerta de Brandemburgo, salir por ahí …).

Destacar también la Catedral de Berlín. Si bien no es demasiado antigua, posee ese monumentalismo de todos los edificios importantes en esta ciudad. Grande, muy grande. Elegante y sobria. Una cúpula impresionante (a la que no subí) y un órgano grandioso (al menos uno de los dos poseía tal atributo … es un consuelo)
Las estatuas de Lutero y Calvino presiden esta iglesia que cuenta en su sótano con una impresionante colección de ataúdes propia de una película de terror. El Principe Elector Herr Frautzulufungendorft está dentro de ese ataud podrido (ambos podridos; el ataud y Herr no-se-como-te-llamas).

Joder que mal rollo.


La puerta de Brandemburgo. Impresiona, la verdad. Durante todo el viaje uno piensa que se mueve en territorio ‘especial’. Si bien el monumento en sí no es demasiado impactante (miralá, miralá, miralá, miralá … La puerta de Alcalá) ser conciente de lo que ha ocurrido por allí te da una sensación de grandilocuencia que impresiona, la verdad.

El resto se haría muy largo. Ya sabéis. Os recomiendo el ‘post’ que sobre Berlín tiene Cinephilus en su blog. Mejor prosa. Seguro.

Para finalizar unas fotos. Testigos.

Los tres ríos alemanes ...


Clara y yo ante la Puerta de Brandemburgo


Clara en el Museo Judio

La Puerta de Brandemburgo desde el Bundestag


Parlamentarios caídos ...

Qué frío!!

He salido mejor en otras fotos ...
El Muro ...
Parada para la comida ... típica

La Torre de Comunicaciones ... justo después de bajar

2 comentarios:

Cinephilus dijo...

Nuestro último hotel fue The Regent, en la Charlottenstrasse, una de las zonas en auge del nuevo Berlín y donde se produce esa mezcla entre historia y modernidad que tan bien reseñas.

Ciudad sorprendente, desconocida, viva e impactante, llena de arte, exposiciones, conciertos, teatro, cabaret y propuestas que la convierten en un crisol de gentes que se ha superpuesto a sí misma y que, para colmo, tiene la osadía de recordarse el holocausto y de asumir la culpabilidad para, al menos, intentar evitar reiteraciones de semejante atrocidad. Mientras los demás nos afanamos en borrar las huellas de nuestros crímenes -mejor el olvido indolente que la memoria responsable-, en Berlín se levantan monumentos duros y terribles como la que, en mi primer viaje, bauticé como la Kaputtkirche (nombre real: Gedächtniskirche), en la que la cúpula destrozada es un recordatorio indeleble de la tragedia.

Ciudad cosmopolita, inmensa, vanguardista aunque rara vez se le reconoza (al menos, no con la frecuencia que se debería). Sin Berlín no sería lo que soy. Por eso, en mi emoción al pasear por Unter den Linden o al visitar su Museumsinsel, no soy objetivo. Soy enorme y berlinalmente subjetivo...

Fidelio dijo...

... lo genial es que uno puede vivir de esa manera la visita a una ciudad ... Me quedé con ganas de más, de mucho más ...

Gracias por tu subjetividad berlinesa !